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12/15/2012

Cap. 78


Regan’s POV
Sábado 23 de Marzo

Calcetines por el suelo, revistas para adultos, cortesía de Tyler, expuestas en el escritorio, cerveza que escondimos a la entrada del edificio a la vista en nuestras camas y nuestros cigarros, como Tyler le gusta decir al forrarlos, de la felicidad en mano, no era una bonita escena para recibir a mi papá, pero llegó de sorpresa un día como cualquier otro y ni siquiera me pidió permiso para entrar. Pasó como si estuviera en la casa.
     –¿Papá, qué está haciendo aquí? –le pregunté nervioso y tiré mi cigarro a un lado, Tyler se apresuró a esconder todo bajó sus sábanas, pero todavía quedó lo mío. Lo seguí y me senté sobre lo que pude, pero fue demasiado tarde, me miró a los pies y después a mí–. Sólo para que lo sepas, no son nuevos, me los hice antes de venirme –le dije haciendo referencia a los cuernos de venados marcados para siempre con tinta en pies pies.
     –Si me dices qué significado tienen para ti te dejaré conservarlos –me dijo.
     –Uhm… –vacilé un momento–. Son un recordatorio de que me esconderé de alguna manera u otra –cité a un artista de una entrevista que vi en Internet. No estaba completamente seguro del significado que tenían para mí, pero pensé que se veían bien.
     –No me digas –dijo irónico–. No te preocupes, programaré una cita para que te los remuevan lo más pronto posible, mientras tanto, sólo vine para confirmar mis más temibles sospechas –dramatizó mientras seguía analizando la habitación–. ¿Qué es esto, Regan? –me preguntó y me volteó a ver–. Esto no eres tú –me acusó y yo reí.
     –¿Qué quieres decir? –le pregunté.
     –Vamos, vístete, nos vemos en el café en media hora –me dijo y le echó un último vistazo  despectivo a mi habitación  antes de salir.

Una vez que me arreglé bajé a encontrarme con mi papá en el café del campus, él ya había ordenado su café y el mío también, aunque no soy un gran fan de la cafeína, de vez en cuando no está nada mal para mi. Lo encontré en uno de los sillones leyendo su revista de finanzas, la misma que ha leído siempre desde que tengo memoria. Cuando escuchó que me senté, bajó su revista y me vio, hizo un gesto de inconformidad y volvió a leer su revista.
     –Papá…
     –No te mandé a la universidad para que desperdiciaras mi dinero –me interrumpió, logrando exactamente su objetivo: mostrar su superioridad y marcar su autoridad como padre–. Y no vine exactamente a recordarte esto porque sé que sabes lo que estás haciendo.
     –¿Entonces? –le pregunté molesto de que siempre diera rodeos tan grandes a las cosas.
     –Estoy acompañando a tu hermano y mi futura becada a hacer un recorrido por el campus –me contestó–. ¿Sabes por qué la estaré ayudando con a pagar la universidad y la mayoría de sus gastos aquí? –me preguntó y yo cabeceé–. Hay dos motivos, uno de ellos es que estoy dispuesto a hacerlo porque ella es constante en su mejor posición. Tú eres bueno, y normalmente evito comparaciones, aunque ella es casi tan buena como tú, pero tu peor defecto es tu irregularidad y eso me preocupa, porque te pone en un nivel más bajo –confesó–. Y necesito que siempre estés en tu mejor desempeño. Quiero ayudarte.
     –Más ayuda el que no estorba –le repliqué.
     –¿Perdona? –me preguntó ofendido.
     –Estoy bien –le contesté–. No necesito ninguna clase de ayuda, y al querer ayudar, cambiarás varias cosas con las que me siento feliz y cómodo en este momento.
     –De la felicidad no se come –me dijo–. He estado consciente e informado de tus actividades nocturnas y tengo que dejarte saber que no hay problema, es la universidad, la mejor época de tu vida antes de entrar a un mundo poblado de preocupaciones, diviértete… aunque tus acciones, que son completamente lo contrario a lo que yo normalmente aprobaría, tienen consecuencias –continuó–. Estás aquí para en el futuro obtener un trabajo, un buen trabajo –remarcó–. Y aunque nuestra empresa parezca para ti una clase de futuro seguro, no lo es, porque yo no le daría mi trabajo a un incompetente y si resultas ser uno de ellos, no encontrarás trabajo por mis medios.
     –¿Cuál es tu punto? –le pregunté desesperado.
     –De acuerdo, sé que quieres ir directo al grano de todo –suspiró–. ¿Sabes que tenemos unas oficinas cerca de aquí, en San Francisco? –me preguntó y yo asentí–. Pues irás y solicitarás un trabajo como becario, interno. Te ayudaré con el papeleo y pedirás ayuda al consejero de aquí también, lo harás bien y rápido.
     –¿Qué? –pregunté enojado–. ¿¡Sólo por qué tengo algo de diversión en la universidad!?
     –Ja. No, –me contestó–. Regan, tu jamás necesitaste trabajar por nada en tu vida y la mayoría de los adolescentes tienen un trabajo de medio tiempo en algún lugar, ya sea la cafetería o en una edifico de una empresa tan grande como la nuestra, un trabajo es un trabajo. Me gustaría que tomaras esto como una lección, un aprendizaje, algo que no te enseñan en la escuela, relacionarte con esta rutina de trabajo.
     –El hecho de que no te des cuenta lo mucho que he trabajado, siempre, desde que era pequeño, para impresionarte, hacerte feliz y orgulloso, me hiere –le dije–. Así que no digas que no trabajo, porque todos los días, toda mi vida, trabajo para enorgullecerte –y me puse de pie enojado–. Y por supuesto que voy a tomar el trabajo, como un reto, como un aprendizaje, como dijiste, para complacerte una vez más, porque aparentemente todo lo que hago no importa hasta que ves un defecto en mí.
     –No seas exagerado–me dijo tratando de hacerme sentar.
     –Sólo estoy siendo honesto –objeté y salí del café, caminé enojado hacia el patio trasero, tiene una gran fuente y el agua me relaja, me gusta estudiar o leer aquí, también podría usarlo como un lugar de reflexión, de no ser por las personas que pasan o se sientan cerca de mi, distrayéndome, entre ellos, Alexander y Meghan, todavía en su recorrido no guiado por el campus. En cuanto me vieron se acercaron a mí para solicitarme como guía, pero simplemente no los estaba escuchando del todo.
     –¿Estás bien? –me preguntó Meghan al notar mi inusual actitud–. Pareces algo…
     –Decepcionado –completé–. Lo estoy.
     –¿Por qué? –me preguntó preocupada.
     –Me temo que si te digo porqué, mi hermano gozaría de mi sufrimiento –le respondí y volteé a ver a Alexander, quien sonreía mientras sostenía la mano de Meghan.
     –Y ya lo hago –me replicó Alexander–. Papá no se entera de si solo de esta clase de cosas, todavía no se da cuenta que tienes bloqueada su cuenta, simplemente piensa que siempre estás muy ocupado estudiando o que eliminaste tu cuenta para evitar distracciones, pues bien, me encargué de que se diera cuenta que no es verdad. Y que puedo decir de esos mensajes de voz a mitad de la noche medio ebrio medio sobrio –y entonces sonrió complaciente–. El enemigo de mi enemigo es mi amigo –canturreó con alegría.
     –Jade no es mi enemiga –le repliqué a la defensiva tratando de ponerme de pie, pero Meghan colocó una mano en mi pecho para calmarme y me hizo sentar otra vez.
     –¡Ya basta! –intervino–. Alex, ¿por favor? –le pidió, insinuando que se marchara, Alexander me miró con recelo y se alejó caminando, mientras Meghan se sentó a mi lado y agarró mis manos cuando comenzó a hablar:– ¿Qué pasa?
     Yo me tomé un tiempo para responder, pues no quería que todo lo que saliera de mi boca sonara como un cliché que termina siendo ser un llamado por atención.
     –¿Alguna vez has sentido que no importa lo que hagas, jamás será suficiente? –le pregunté–. Yo evito hablar de este tema porque odio darme cuenta que soy un pusilánime ante mi papá; jamás me ha pedido hacer o me he sentido obligado a hacer algo que fuera a perjudicarme, en ningún aspecto, pero me doy cuenta que la única parte que puedo controlar es mi vida personal –hice una pequeña pausa y la volteé a ver–. ¿Pero dónde quedaron mis sueños y aspiraciones, mis propias decisiones? –pregunté desesperado–. ¿Dónde?
     –¿Y cuál es tu sueño? –me preguntó, sin mostrar ninguna clase de interés.
     –Ni siquiera lo sé –le contesté abatido–. No tengo expectativas propias, sólo sigo todo lo que creo que hará a mi papá feliz y si está asegurado, entonces lo hago sin dudas.
     –Pero al parecer te hace feliz –notó y yo me quedé pensante un momento–. Creo que esto es lo que en realidad quieres. Regan, no eres estúpido, mucho menos un pusilánime y lo sé porque te conozco. Tu papá es tu más grande aspiración y por eso quieres ser como él, y quizás te está frustrando no poder ser su copia exacta, pero lo estás haciendo bien, y das lo mejor de ti, lo cual está perfecto, y si tu miedo es no lograr ser, como tú lo consideras, tan “grande” como él, es… ridículo –soltó una risita y yo le sonreí–. Él está orgulloso de ti, ya hiciste demasiado para hacerlo sentir de esa manera y estoy completamente segura que lo que él quiere no es hacerte perfecto, es hacerte ir por el camino correcto, tiene miedo de que te vayas a descarrilar estando lejos de él –sonreí y la observé unos segundos–. ¿Qué?
     –Platicó contigo todo el vuelo –asumí–. ¿No es así?
     –Sí, mientras Alex estaba dormido –admitió, pero su sonrisa se desvaneció–. Regan, creo que deberías ir con tu papá y disculparte –me aconsejó.
     Desvíe la mirada y volteé a ver a Alexander, que estaba analizando y fotografiando un pájaro en un árbol, después volteé hacia Meghan nuevamente.
     –Él también debería disculparse –objeté.
     –¿Por qué? –me preguntó con seriedad.
     –Por no notar todo lo que he hecho por él –le contesté–. Soy un buen hijo y a él eso no le interesa, pude haber dejado la escuela, pude haberme ido, pude haber huido, pude haber sido como, por menos que quiera decirlo, Hunter. Y si, tuve mis malos momentos, claro que llegué a casa a vomitar en el baño después de una fiesta e hice de mi casa un desorden cuando ellos no estaban y él me castigaba por ello, pero…
     –Te estás sobrepasando ahora que estás en la universidad –me interrumpió.
     –No… –le dije–. Bueno, sí, pero es normal y sigo siendo un buen estudiante.
     –Pero ese es tu deber como hijo –me replicó–. Él no te debe nada, no te tiene porque recompensar el haber hecho lo que te tocaba, sin embargo, lo hace y tú lo sabes, muy en el fondo, que esos castigos ni siquiera significan nada para ti ni para él, esos regaños son sensaciones temporales, así que te recomiendo que vayas y hables con él sobre este trabajo.
     –¿Cómo sabes sobre… el trabajo? –le pregunté con perspicacia.
     –Tu papá habla demasiado –me explicó con una sonrisa tímida.
     Regresé al café donde mi papá todavía me estaba esperando. Quiero creer que supuso que volvería, pero me tardé como treinta minutos, debe estar desesperado, molesto o simplemente siguió leyendo su revista de finanzas y no se dio cuenta del tiempo que pasó.
     –Hola… –lo saludé mientras me sentaba en el mismo asiento que antes.
     –¿Ya no estás enojado o vienes a reclamar más? –me preguntó y bajó su revista.
     –Siento eso –le dije y después me acomodé en el sillón–. Papá, siento si reaccioné mal, pero después de reflexionar esto, creo que tomaré el trabajo con… entusiasmo, nunca he trabajo y a decir verdad, no estoy muy contento, pero si crees que me ayudará de alguna manera, entonces lo haré y lo haré lo mejor que pueda –él sonrió y asintió, le dio un sorbo a su café, pero se escuchó el sonido del popote succionar el fondo del envase, sólo aire, y lo dejó en la mesa–. Aunque quiero asegurarme que te das cuenta de lo mucho que me esfuerzo por hacerlo todo siempre bien –le pedí y él me volteó a ver, analizándome.
     –Me doy cuenta –me contestó–. Y me hace muy feliz saber lo bien que te va, pero siento que algunas veces te vas un poco hacia la izquierda y me preocupa.
     –Puedo arreglármelas solo –le repliqué y él asintió–. Soy un niño grande –dije haciendo el tono de voz que tenía cuando era un infante. Agudo y molesto.
     –Sí, eso dijiste cuando quisiste armar tu propio helicóptero de pilas y terminaste en el hospital por haber introducido una pequeña pieza en tu oído –me recordó–. Y cuando tu hermano quiso aprender a jugar con ese mismo helicóptero que te ayudé a terminar y le dijiste que era un poco… torpe para esa clase de cosas –continuó.
     –Lo defendiste a muerte ese día –le dije–. Fue la única vez que lo hiciste porque después él aprendió muy bien a defenderse por su cuenta.
     –Él es pequeño –me dijo y miró hacia la ventana, esperando verlo por ahí, pero seguramente ya estaba lejos con Meghan en otra parte del campus–. Él necesita un empujón más fuerte que tú, aunque algunas veces no encuentro la manera de persuadirlo a hacer lo correcto –se quejó y me volteó a ver–. Pero tal vez tu podrías ayudarlo.
     –¿Qué? –pregunté confundido–. ¿Cómo? Yo estoy aquí, no allá. Además me odia.
     –No te puede odiar –me replicó–. Eres su modelo a seguir.
     –¿Yo? –pregunté acompañado de un bufido–. De ninguna manera.
     –Lo eres –me contestó–. Y necesito que lo convenzas de ir a la universidad.
     –¿No quiere ir? –pregunté interesado y mi papá cabeceó en gesto negativo.
     –Parece que su sueño más grande es huir y puede hacerlo si quiere, pero… –se detuvo y tragó saliva, como si la siguiente parte fuera a doler pronunciarla–. Necesito dejarlos preparados primero –continuó y yo me quedé callado un momento.
     –¿Por qué? ¿A dónde irás? –le pregunté confundido.
     Él me volteó a ver sólo para darme la sorpresa de que sus ojos se habían cristalizado, traté de acercarme un poco más a él para consolarlo. Jamás lo había visto así de cerca de llorar.
     –Ojalá y supiera –me respondió y se puso de pie–. Vamos a caminar –me ordenó y caminó hacia la salida, yo lo seguí sin decir nada, casi pisándole los talones y una vez que llegamos al jardín, seguimos de largo hasta que mi papá se decidió hablar, traté de cancelar el sonido a mi alrededor para concentrarme en su voz, pero era demasiado ambiente o el sonido agudo en mi cabeza advirtiéndome que algo no andaba bien–. Regan, sabes que anualmente me realizo estudios, usualmente en Noviembre u Octubre para comenzar el año nuevo sano y salvo de cualquier riesgo, y mis estudios de este año fueron totalmente favorables… –hizo una pausa–. Dios, ayúdame, no encuentro la manera correcta de poder decirte esto –murmuró y me volteó a ver–. Me comencé a sentir mal hace unas semanas y fui a mi doctor, resulta ser que… –suspiró y se aclaró la garganta–. Resulta ser que fui diagnosticado con cáncer… terminal –y lo siguiente que dijo fue imposible para mi de captar, ni siquiera fui capaz de seguir caminando, me quedé a mitad del parque, mirando directamente a mi papá, con un muro en mi mente tratando de no desbordarse para no tener un colapso mental, quizás y dejé de respirar, no puedo decir, pero fue su misma voz la que me trajo de vuelta a la realidad, llamando mi nombre, una y otra vez:– ¡Regan! –me gritó mi papá agitándome por los hombros–. Regan tienes que prometerme que no le dirás a tu hermano nada de esto hasta que yo decida que sea el momento adecuado –me advirtió y el único movimiento que realicé fue un débil y lento pestañeo.
     –¿Y cuándo será eso? –le pregunté con un nudo en la garganta–. ¿En tu lecho de muerte?
     –No, lo encontraré –me contestó y se limpió una lágrima de su mejilla.
     –Pero estarás bien, ¿no es así? –pregunté con el nudo en mi garganta cada vez más fuerte–. Hay demasiada gente que sale bien de estas situaciones y tú puedes pagar tu tratamiento, estarás bien –dije desesperado, tratando de encontrar una solución inexistente al problema y hecho inminente.
     Él sonrió, dispuesto a mentirme, pero no lo logró.
     –No… –me contestó–. Los doctores me dieron cuatro meses –sentenció.
     –¿Cuatro meses? –pregunté helado y sentí mi quijada caer, mi vista borrosa y mis mejillas húmedas por las lágrimas–. Papá, no… –murmuré–. Esto no es real –y por más que quisiera tirarme en el césped y llorar, o salir corriendo y encerrarme en mi habitación, mi papá seguía frente a mi, luchando por mantenerme consciente y atento, pero mientras más lo intentaba, más se apoderaba de mí, la confusión, el impacto de la noticia, todo.
     –Necesitas ser fuerte –me dijo, tratando de aparentar su propia fortaleza–. Tu mamá y tu hermano necesitarán de ti, y tú estarás ahí para ellos, ¿de acuerdo? –me preguntó–. Serás el hombre de la casa –y sonrió levemente, intentando hacerme sonreír–. ¿Lo prometes? –me preguntó insistente y yo asentí lentamente, él me atrajo hacia él y me abrazó fuerte, yo lo jalé de atrás de la playera para sostenerlo, testarudo en no dejarlo ir cuando él se quiso separar de mi y me vio llorar–. No llores –me ordenó, porque por su tono de voz, sé diferenciar una nombre petición de un mandato–. No lo hagas –y se limpió la nariz con la parte de atrás de la mano. Y si mi papá lo decía, lo tenía que hacer. Asentí mientras me limpiaba las lágrimas y trataba de calmarme, pero en realidad lo único que quería hacer era tirarme ahí, abrazar mis piernas contra mi pecho y esperar a que un milagro pasara o me despertara.
     –¿Y cuáles son tus planes para estos cuatro meses? –le pregunté.
     Él se quedó pensando un momento y después dirigió sus ojos rojos a los míos.
     –Llegar a casa, decirle a tu madre, llevarla al hotel más lujoso que pueda encontrar y vivir la noche y hacer el amor como si fuéramos jóvenes otra vez –me respondió con una sonrisa–. Papeleo, hacerle saber a tu hermano. Actualizar el testamento–añadió–. Hay demasiado que hice y demasiado que no, todavía tengo cuatro meses para hacer lo que necesito.
     –¿Por eso ayudarás a Meghan? –le pregunté–. Porque tú siempre quisiste hacer caridad, ayudar a más adolescentes a perseguir sus sueños, ayudar a la gente, pero la compañía jamás te lo permitió –le dije y él asintió con pesar–. ¿Mamá se quedará con ella?
     –Oh, no –suspiró–. Tú madre no querría eso, siempre me lo ha recordado –me dijo y entonces volteó hacia otro lado–. Siempre he tenido un testamento, desde el momento en que naciste, no quiero ser imparcial con tu hermano, pero él es demasiado joven para hacerse cargo de asuntos de tan inmensa importancia, así que he estado preparando a la empresa porque la sucesión vendrá, sí o sí.
     –Siempre dijiste que tu puesto no lo podías heredar –le recordé.
     –Pues mentí –me dijo–. Simplemente no quería que vieras nuestra empresa como un futuro seguro y sin preocupaciones de la escuela, quería que vinieras.
     –¿Y por eso quieres que comience a trabajar, para que me familiarice? –reiteré.
     –Exactamente –me contestó–. Y lo harás bien, yo lo sé.
     –Pero soy demasiado joven, ni siquiera he terminado mis estudios, apenas estaría terminando mi primer año en la universidad cuando… tenga que ocuparme de lo que dejas en mis manos –le repliqué y él me sobó los hombros.
     –Regan, puedes hacerlo –me repitió–. La harás, ya está en proceso, con suerte terminaremos en unas semanas y estará dictado lo que tendrás que hacer. Puedes regresar aquí a terminar cuando pongas las cosas en orden, siempre puedes hacer eso –me dijo–. Entre otras cosas, tú y tu hermano tendrán su herencia, como su madre, y las propiedades estarán a su nombre, úsenlo con sabiamente, todo en su beneficio porque todo lo que hice en mi vida fue para hacer a mi familia feliz y creo que cumplí mi cometido, ¿puedes decirme que es así? –me preguntó y yo asentí–. Perfecto, entonces dejaré este mundo feliz y en paz, porque no creo que me haya faltado algo de hacer en esta vida en relación a ustedes.
     –No puedo creerlo –dije, perdido en mis pensamientos–. Tan rápido.
     –Tan repentino –corrigió y se aclaro la garganta–. Pero me alegro que llegue a este punto, de poder verte a ti y a tus hermanos crecidos correctamente como siempre soñé.
     –Gracias, papá –le dije y me abalance sobre él para abrazarlo una vez más–. Trataré de ir todos los fines de semana –le prometí–. Y si algo está mal o sientes que es el momento, haz que me llamen, estaré ahí tan rápido como pueda –le dije y él asintió–. Te quiero –y lo apreté aún más, recreando el momento en que tendré que dejarlo ir.

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Wow, totalmente se me pasó el aniversario de dos años del blog! OMG. Ya dos años y no puedo terminar la historia, soy un fracaso . _. Pero bueno, gracias por seguir leyendo durante este tiempo a las que estuvieron desde el principio, y a las que llegaron después, pues también! :D jaja.

¡Chicas siento tanto tanto tanto tanto no haber publicado en casi dos semanas! D:
Pero tuve una clase de crisis de personajes con este capítulo que no sabía de quién hacerlo, pero pues ahora tengo la iniciativa de varios capítulos siguientes. :) Pobre de Regan, ¿no? Tanta responsabilidad en tan poco tiempo, que casi me recuerda a Hunter; y Tony.

En fin, respuesta al comentario [porque siempre es solo un comentario :(]:
Gallagher: ¡Te cambiate el nombre y no te hubiera reconocido de no ser por la foto, jaja. ¡Tanto tiempo sin comentar, yo tampoco que he comentado en tu nove pero pronto me paso por ahí, lo prometo! Y pues si, todos los personajes tuvieron muchos cambios muy rápidos, aquí te presento otro más, el de Regan. Y sobre Hunter, tú sigue leyendo su historia y te sorprenderás.
Que te vaya también muy bien! :)

Sigan comentando cuando puedan que ustedes me animan a escribir. :)
Y oficialmente salí de mi taller de escritura, se acabó. Fue una bonita experiencia, pero ahora espero poder encontrar más tiempo para seguir escribiendo la novela.

3 comentarios:

TormentosDulces dijo...

Oyee Simplemente Mee Gustaaa Comoo Escribes, Y Sii Tremendo, Cuando Leia See Me Hacia Un Pequeñoo Nudo En Laa Garganta!! Unn Poco Trizte Este CaP, Pero Definitivamente Tu Tienes Magia Al Escribir.. Mee Sumerges en La Historia.... Y Sii Yaa Dos Años, Como Pasaa El Tiempo...... Talvez No Seaa La Qee Mas Comentee Pero Siempree Estoy Pendiente;)
Espero Queee Regan Tengaa Un Nuevo Y Buen Comienzo.

Gallagher † dijo...

Amé todo el capitulo Mar.

A.S. dijo...

I can't... no puedo más...
Tengo miedo de ver los siguientes capitulos... oh supe que sería Cáncer porque es lo que normalmente desgracia a alguien :(

Bueno, joder, deberías, enserio que deberías buscar una editorial! Un niño de 11 años publico un libro ¿Porqué tu no? Compraría los libros aunque ya haya leído la historia lml obligaré a mis hijos a leerla xd