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3/04/2013

Cap. 88



Alexander’s POV
Domingo 28 de Julio

Me sigo negando a creer el verdadero motivo por el cual terminé en la casa del chico del café. Ella me pasó una taza de té, estaba caliente y yo en shock. Lo único que pude hacer fue mirarlos hasta que hablaran. Pero no tienen mucho tiempo porque
                                                                                                                 me
                                                                                                                     siento
                                                                                                                             desvanecer.
                                                                                                                                       Al fin.
                                                                       
Las llamadas no son malas, aunque cuando son de larga distancia tienes que cuidar el tiempo el que hablas si no quieres que te cobren demasiado, aunque tampoco es que me guste hablar mucho por teléfono. Y si sobre recibir llamadas se trata, ignorarlas es mi especialidad. He recibido más de cien llamadas en poco más de un mes, regularmente una o dos por día, mi mamá es la que más llama. Quiere saber dónde estoy y cómo estoy, pero todos saben cómo estoy. Solo. Deprimido de vez en cuando, pero sobre todo solo.
     No sé a quién contactó mi papá para convencerlos de que me dejaran entrar en la Universidad de Oxford, debió haber sido uno de sus contactos, claro que no me lo dijo y fue muy bueno fingiendo sorpresa y orgullo de su parte cuando le leí mi carta de aceptación, porque en serio no creo que haya entrado por mis propios méritos. Todavía estoy tratando de olvidar el día en que le deje saber que sí iría a la universidad como parte uno de sus últimos deseos, y fue realmente… jamás lo había visto sonreír así, sin cerrar las posibilidades de una fingida sorpresa, su sonrisa fue tan grande que incluso he soñado con eso, y me despierto a mitad de la noche pensando en cómo pude haberlo hecho más orgulloso, después me quedó mirando hacia el techo y me restriego en la cara una y otra vez el haberme cruzado de brazos ante todo lo que él me dijo cuando todavía seguía con nosotros, pero ahora es muy tarde, no importa lo que haga, ya no podré ver su sonrisa y tendré que imaginarlo aplaudiendo entre la multitud el día de mi graduación junto a mamá y cuando consiga mi primer trabajo y él me de consejos de como tratar a mi jefe, o cuando le informe que me voy a casar y él me de su bendición… todo estará en mi mente, sin ser real.
     Y si algo en mi vida es real justo ahora es este sentimiento que crece en mí de mandar todo a la mierda y encontrarme, como era mi plan inicial, como le dije a Meghan en nuestra primera cita, como siempre creí que sería si me mudaba a un lugar lejos de casa. Pero no lo es, las cosas nunca son como lo visualizas la primera vez en tu mente. La perfección no existe, sobre todo la tuya. Veo a algunas personas y pienso en lo perfecta que su vida debe ser, pero de qué les sirve a ellos que yo piense eso si para ellos no es perfecto. Lo mismo va para mí, ¿cuántos no fantasean en hacer lo que yo hice? ¿Y a mí de que putas me sirve saber que estoy viviendo lo que muchos quisieran si eso no me hace sentir mejor? Llevo viviendo en Londres unas semanas. Huí, claramente, antes de lo que hubiera sido mi verdadera partida a la universidad de Oxford. No estoy viviendo en ningún lado en este momento, en ningún lugar en específico. Traje dinero, puedo pagar la renta de un cuarto en la casa de alguien, pero vago de casa en casa de gente que conozco día a día y duermo en suelo ajeno, me alimento de comida rápida y sobrevivo el día con cafeína cuando tengo una mala noche. Nadie me mandó a vivir así, yo solo lo hice. No tengo ánimo de nada más.
     Es obvio que he caído en esta clase de hoyo del cual quiero salir, pero no puedo. Mientras más pateo para impulsarme a la salida, más escarbo en el agujero y me hundo. No tiene fin, parece interminable. Todos los días se me escurren entre los dedos. Despierto con la expectativa de hacer algo diferente, pero termino pasando el día entero frente a la ventana de un local de café. Todos los días un local diferente. Repito, el dinero me sobra, puedo pagar un pasaje de tren, taxi o cualquier transporte; puedo pagar mi comida, puedo pagar unas cuantas prendas y no volver a pasar por la misma calle dos veces. A eso me he dedicado: a perder mi tiempo. Muchos dirían que es conocer, pero sé que no lo es.
     –¿Ya terminaste de pensar o necesitas un poco más de tiempo? –preguntó alguien frente mío. El chico que atiende en el café–. Serán £2.45 –me informó y yo le entregué el dinero, agarré mi café y me dirigí a la barra pegada a la ventana, me gusta ver a la gente pasar. Me senté en un banco, me quité mi bufanda, mi gorro, mis guantes y dejé mi café.
     Suspiré. Miré la gente caminar alrededor de un minuto y sentí mi celular vibrar en el fondo del bolsillo de mi saco. Sé justamente quién es, siempre llama a la misma hora. No ha dejado de llamar en todo el tiempo que he estado aquí. Pude haber tirado mi celular, pero no lo hice, todavía no quiero desaparecer para el mundo, quiero regresar en algún punto y no ser un completo extraño, solo un poco cambiado. Hay un sentimiento que crece en ti cuando dejas pasar mucho tiempo sin arreglar un problema que querías y sigues esperando resolver, pero ha pasado tanto tiempo que olvidas cuál es el problema exactamente y olvidas cómo solucionarlo, si es que tenías idea de cómo hacerlo.
     Agarré mi celular y leí Meghan. Ella tiene que ser la excepción, Meghan es siempre la excepción. Es mi excepción. Mi primera excepción. ¿Cómo pude?
     –¿Hola? –contesté y con mi acento la gente de alrededor por fin notó que soy americano, como probablemente la mayoría de las personas en Londres. En serio, hay más personas de otras países en Londres que gente nacida en Londres. Lo he notado. Sostuve firmemente mi celular y me concentré en no colgar, porque las últimas diez veces lo hice.
     –¿Hola? –me saludó Meghan atenta. Sonreí un poco al escuchar su voz y a la vez mi frente se arrugó–. ¿Dónde estás? –me preguntó preocupada–. ¿Cómo estás?
     –¿Qué quieres que te diga? –le pregunté y ella permaneció callada–. Me alegro de escucharte, pero necesito que entiendas, que tú y mi mamá y Regan entiendan que necesito estar un tiempo solo. Espero que algún día me escuchen y comprendan –le dije.
     –¿Qué quieres que comprenda de lo que me dijiste? –me preguntó molesta–. ¡Dijiste cuatro malditas palabras y te fuiste! –me gritó–. Te necesitaba, y tú…
     –Te dejé –la interrumpí y sentí un cosquilleo en la punta de mi nariz y mi vista borrosa por las lágrimas–. Y lo lamento tanto, no quería hacerlo, en serio te quiero, Meghan, te amo –confesé con un nudo en la garganta–. Quería abrazaste, estar contigo, consolarte, sé que no fui el único en perder a alguien y traté de no ser egoísta respecto a mi situación, ¿pero cómo hubiera podido si a penas puedo cargar con mi dolor? –le pregunté.
     –Y tú no me diste una oportunidad de hacerlo, simplemente de fuiste, ni siquiera viniste a despedirte. Desperté para encontrarme con un solo mensaje, cuatro palabras y una familia extremadamente preocupada y destrozada –me dijo y bajé la mirada–. Les dije que te fuiste a Oxford antes, ¿pero vas a ir a Oxford o lo usaste como una excusa para poder irte?
     –Yo… –dude mientras volvía a levantar la mirada–. Yo… –vacilé mientras me quedé observando la calle un par de segundos y escuché a Meghan decir algunas palabras, pero totalmente me perdí en una cabellera rubia a lo lejos que me recordó a ella, excepto que esta era lacia, y la de Meghan ondulada. Al lado de ella, un chico bastante alto de cabello rubio oscuro. Bastó solo una mirada para confundirme, un abrir y cerrar de ojos para perder el detalle y un pensamiento para crear un millón de posibilidades–. De ninguna manera –murmuré y me quedé mirando a esa pareja un tiempo más. No pude ver sus rostros, se voltearon hacia una tienda, observando–. Meghan…
     –¿Qué? –me preguntó y yo me puse de pie de mi lugar.
     –Lo siento, tengo que irme. Te llamo después, lo prometo, y te amo –le dije y colgué.No me molesté en agarrar mis cosas, solo perdería tiempo. Salí corriendo del local en dirección de esas dos personas. Algo dentro de mí me obligó a hacerlo, tal vez este deseo de poder sentir la cercanía de alguien a quien aprecio. Mis pies y piernas se movían tan rápido como podían, iba esquivando gente, no debí recorrer tanta distancia puesto que el siguiente semáforo estaba por cambiarse a rojo y lo podía ver desde el café. Me detuve al menos tres metros antes de llegar y mantuve mi distancia, en caso de que no fueran quien yo pensaba. Di unos cuatro pasos más, me incliné para delante y pude sentir mi quijada cayendo al suelo. Sostuve el aire en mi pecho y contemplé atónito. La chica no me notó, pero el hombre acompañándola sí. Volteó la mirada lentamente, como si estuviera temeroso a descubrir de quién eran los ojos que lo observaban con tanta sorpresa–. ¿Hu-Hunter? –pregunté dejando escapar todo el aire que acumulé durante este momento de tensión.
     La chica volteó y él terminó de voltear completamente.

Así es como terminé en la casa del chico del café. ¿Nombre? Todavía no lo sé.
     Es la primera vez desde que llegué aquí que despierto con una cobija cubriendo mi cuerpo completo y mi cabeza recargada en una almohada, un dulce aroma a canela, el sonido de un televisor a lo lejos y las voces de personas hablando a mi alrededor. Entre abrí los ojos, dispuesto a descubrir si lo que recuerdo fue más que un sueño o se quedó siendo simplemente eso: un sueño. Pero no. Al abrirlos, sentados en el sofá delante de mí, el chico del café analizándome lentamente, Emma rascándose las manos impaciente y él. Hunter. Vivo, con su frente arrugada y sus ojos amenazantes, pensante.
     –¿Me quedé dormido o me desmayé? –pregunté primero que nada.
     –Yo diría que un poco de las dos –me contestó Emma–. ¿Cuánto tiempo llevabas sin dormir, Alexander? –me preguntó y yo no le respondí. Me senté correctamente y me acomodé la cobija–. ¿Dónde estás viviendo y qué estás haciendo aquí y no en Oxford?
     –¿No debería ser yo preguntándoles cosas? –les pregunté y miré a Hunter.
     –A menos que tengas preguntas que formular –me dijo Hunter. Me sobresalté al sonido de su voz. No debería existir, no es correcto, no es real–. Notaste lo obvio, estoy vivo, te desmayaste, totalmente normal porque se supone que yo debo estar a unos cuantos metros bajo tierra, pero nunca encontraron un cuerpo. ¿Qué hizo mi familia? –me preguntó.
     –Se deshicieron de tus cosas –le contesté–. Tus padres quisieron apurar las cosas porque querían mudarse, estaban totalmente devastados –seguí platicando–. Como todos.
     –Eso es lo que Emma dice, pero nunca fue a mi casa después de mi aparente muerte, pero tú sí –me replicó–. Meghan hubiera querido conservar algo mío, ¿qué agarró? ¿Qué viste? –me preguntó insistente–. ¿Tú hermano agarró algo? ¿Qué cosa?
     –Estuve ahí solo el día en que te declararon muerto –le dije–. O el día que dijeron que lo más probable era que estuvieras muerto, todavía no era seguro, pero todo mundo lo asumió –corregí–. Meghan dijo algo sobre ir a tu casa para poder hablar con tus papás, ver cómo estaban tus hermanos, pero yo huí la noche anterior porque no pude soportar el dolor consumiéndome adentro y además tener que soportar el dolor de mis amigos que no pudieron ofrecerme un hombro para llorar porque te estaban llorando a ti –exclamé con furia y me puse de pie–. ¿Cómo pudiste hacer esto? –le pregunté enojado–. ¿Tienes idea de lo que causaste? –y volteé a ver a Emma–. ¿Y tú? ¿Cómo pudiste haber ocultado algo tan grande como esto a todos nosotros? ¡Sabes como nos sentíamos, sobre todo Meghan!
     –De acuerdo, cálmate –me dijo Hunter–. ¿Necesitas un abrazo? –preguntó sarcástico.
     –¿Cómo te puedes burlar de esto? –le pregunté–. Todos sufrieron por tu muerte, incluido mi hermano. ¡Regan estaba devastado! No sólo perdió a nuestro papá, también te perdió a ti, y te estás haciendo el gracioso sobre esto, no lo creo –le dije–. ¿Sabes qué? Voy a regresar a Estados Unidos solo para decirle al mundo la noticia, apuesto a que nadie le importaría lo que fuiste capaz de hacer, todos te recibirían con un abrazo.
     –Si en serio sientes que vas a hacer eso entonces tendré que matarte –me dijo.
     –¿Qué? –le pregunté confundido–. Si claro –bufé, pero él se mantuvo inexpresivo.
     –Le dices esto a la persona equivocada y termino tras rejas por suplantación de identidad. Créeme que soy capa de sacrificar tu vida por mi libertad –me dijo–. He hecho suficiente, creo que me merezco algo de paz –agregó y se volvió a sentar junto a Emma–. Además, yo también sufrí. Jamás voy a poder ver a mi familia otra vez, ni mucho menos a ustedes, ni siquiera sé si Emma se quedará conmigo para siempre porque ella prometió que regresaría, así que en algún punto de la vida, un punto muy cercano si cabe remarcar, Emma no me volverá a ver nunca, y habré entonces desaparecido para bien –me explicó.
     –Necesito tiempo para pensar… –le dije y dejé la cobija en el sofá.
     –No eres el único que sabe que Hunter está vivo –me dijo Emma y yo la volteé a ver con atención–. Regan también está informado, y de su paradero. Se un buen chico y aprende a guardar silencio –me pidió–. Ni siquiera tienes razones para hacer lo contrario –apuntó–. ¿Por qué complicar las cosas? –me preguntó.
     –Tú… ni siquiera me hables –le dije y agarré mi saco.
     –¿Le dijiste a Regan? –le preguntó Hunter enojado.
     –Tú escuchaste a Alexander, Regan estaba destrozado –se defendió Emma.
     –¿Cómo pudiste arriesgarte a eso? –le preguntó alzando la voz.
     –¡Es tu mejor amigo! –le contestó Emma, también alzando la voz.
     El chico del café me volteó a ver y sostuvimos miradas un segundo mientras Hunter y Emma continuaban discutiendo, después me puse mi saco y salí de la casa. Caminé unas tres cuadras, ni siquiera sé dónde estoy. Una zona residencial, eso es seguro, pero ya es tarde y está lloviznando. Respiré por la boca y mi aliento casi se hizo hielo al contacto con el aire frío. Froté mis manos y caminé hacia la banca más cercana. Me senté aunque estuviera mojado y miré hacia el frente. Traté de respirar hondo y constante para no perder control de la información que acababa de recibir, pero me fue imposible. No sé en qué momento comencé a llorar, no pude sentirlo, ni siquiera sé si son mis lagrimas o la lluvia sobre mi rostro. Me relamí el cabello hacia atrás y me quité el saco empapado, saqué mi celular del bolsillo y dejé el saco a un lado. Sostuve el aparato unos segundos y me paseé por la lista de contactos. A, B, C, D… I, J, K, L… O y finalmente P: Price, Regan. Lo llamé sin dudar. No me importa qué hora es en América, no me importa en absoluto.
     –¿Hola? –contestó rápido para ser tan noche allá.
     –Hola, soy yo… –le dije y esperé un momento.
     –¿Alexander? –preguntó sorprendido–. ¿Cómo estás?
     –Mal –admití con la voz quebrantada y titiritando–. Regan… te necesito –le dije, por lo que podría ser la primera vez en toda mi vida–. Te necesito –repetí.
     –Eso está bien, yo también te necesito –me dijo–. Te extraño.
     –Extraño a papá –le dije, tragué saliva para poder hablar con claridad y me limpié la cara–. Y lamento si me fui tan abruptamente, pero es que…
     –No tienes porque disculparte –me dijo–. Te entiendo.
     –No, te dejé a ti y a mamá, ustedes también me necesitaban –dije–. Y les fallé, eso es todo lo que hago, le fallo a la gente. Te fallé a ti, a mamá, a Meghan… y a papá.
     –No, claro que no –me insistió–. Claro que no, papá estaba orgulloso de ti.
     –¿Lo estaba? –pregunté incrédulo–. No puedo ser todo lo que él quería que fuera…
     –Yo tampoco –me dijo–. Pero yo debería ser todo lo que tú no puedes ser y tú deberías ser todo lo que yo no puedo ser, porque de eso se trata la familia, ¿no es así? De complementarnos, los unos a los otros a pesar de las diferencias que tengamos… y… Alex, vuelve a casa, por favor –me pidió con un nudo en la garganta y yo fui capaz de forzar media sonrisa–. ¿Sigues ahí? –me preguntó después de un minuto de completo silencio.
     –¿Quieres saber qué fue lo último que papá dijo? –le pregunté y miré hacia el cielo, dejé que la lluvia me empapara aun más–. “No me gusta sentir los químicos dentro de mi cuerpo porque me recuerdan que estoy vivo, pero sin embargo, ya muerto; este es mi último día en la oscuridad, lo puedo sentir. Momento para percatarse de la importancia del amor de un hermano, reconocer el cariño de una madre y aceptar los lazos de sangre que te unirán por siempre con aquellos con los que creciste. Promételo.” –cité y se formó un nudo en la garganta–. Después dijo que iría a dormir, que no lo despertara porque ya no quería hacerlo. Así que no lo hicimos –le platiqué–. Él simplemente… se quedó dormido –recordé y tuve que apartar el celular de mi para que Regan no me escuchara llorar tan incontrolablemente. Lo volví a acercar a mí y lo coloqué contra mi oreja–. Regan…
     –No te escucho muy bien –me dijo y entonces la llamada comenzó a cortarse.
     –¿Regan? –pregunté y traté de secar mi teléfono.
     –Alex, por favor… –pero no completó su oración cuando perdí la señal completamente. Me quedé quieto con el teléfono contra mi oreja unos minutos más hasta que decidí que era momento de irme. Agarré mi saco empapado y comencé a caminar por la misma dirección por la que llegué. Llegué unos diez minutos después a la casa donde desperté después de una sorpresa total. Si iba a dormir en un suelo ajeno, al menos que sea con personas conocidas.
     Emma abrió la puerta y sonrió al verme.
     –Necesito un lugar donde quedarme –le dije.
     –¿Estás seguro que no usarás el teléfono de la casa para llamar a la policía? –me preguntó con media sonrisa y yo asentí–. Adelante –me dejó pasar y yo entré después que ella. En la sala, Hunter estaba platicando con el chico del café–. Alexander, éste es Isaac –me presentó–. Vive aquí con su hermano mayor, pero está de viaje en este momento así que nos ofreció un lugar para quedarnos temporalmente –me explicó–. Tal vez te gustaría preguntarle a él si puede prestarte una cama más.
     –Hola –lo saludé tímidamente–. ¿Puedo quedarme?
     –Si prometes no alterar el orden otra vez –me condicionó.
     –Trataré –le repliqué y él sonrió–. Tomaré eso como un sí –dije y volteé a ver a Hunter, pero no fui capaz de decir nada. Todavía sigo sin creerlo.
     –¿Quieres que te preste ropa? –me preguntó y yo asentí–. Vamos arriba –dijo y se puso de pie. Emma se sentó al otro lado de Isaac y Hunter me guió escaleras arriba, entramos a una habitación donde había dos grandes maletas. La suya y la de Emma.
     –¿Te va a dejar? –le pregunté, haciendo referencia a Emma.
     –Por su bien, espero que lo haga –me dijo–. Ella no será feliz conmigo por mucho tiempo, y necesita a su familia. No quiero ver al día en que se vaya, pero creo que me estoy acostumbrando a la idea de que tendré que empezar desde cero en algún lugar del mundo. Desapareceré para todos, me olvidarán y es como si ya estuviera muerto. Me siento muerto. Pero seré feliz, sé que lo seré, trabajé duro para mantenerme vivo y sé que tengo un futuro, pero no quiero descubrir cómo será y con quién lo pasaré. Todo lo que conocí se encuentra en California, todas las personas que quiero y ahora tendré que olvidarlas, junto con diecinueve años de mi vida –se lamentó–. Me queda un largo camino que armar.
     –Ojalá y pudiera aceptar mi futuro o lo que está pasando como tú –le dije.
     –Buena suerte con ello –me deseó–. No es fácil aceptar lo que está pasando en tu vida, sobre todo cuando no te gusta, o incluso cuando sí te gusta. Lo que sea que pase… no durará para siempre, a menos que sea una enfermedad mortal o estés en la cárcel –bromeó.
     –Gracias por el consejo, supongo –le dije.
     –Me gustaría decir “cuando quieras” pero esta será tu última oportunidad.

01 de Agosto

Caminé por unos pasillos que se me hicieron familiares. Vine aquí una sola vez, mi hermosa novia a mi lado, recorriendo los lugares que habitaría por los próximos cuatro años. Stanford tiene un bonito campus, me gustaría poder venir aquí más seguido.
     Toqué la puerta y esperé pacientemente a que abrieran.
     –¿Quién es? –preguntó una chica dentro de la habitación.
     –No sé si me recuerdas –le contesté–. Nos conocimos a tiempo –abrieron la puerta y detrás se reveló la figura de Meghan esperándome de brazos cruzados con sus ojos rojos. Probablemente ha estado llorando más de lo que debería o le acaba de dar un golpe de sentimientos encontrados por mi repentina aparición–. ¿Me das una cuarta oportunidad? –le pregunté, entré a la habitación y cerré la puerta detrás mío.
     –Yo también te amo –me dijo y su voz se quebrantó.
            –Soy un idiota –le dije y me fui acercando lentamente–. Y lamento haberlo sido, ¿me perdonas? –le pregunté y ella asintió y yo sonreí. La envolví entre mis brazos y besé su frente–. Prometo no volverte a dejar cuando me necesites –ella me apretó fuerte y recargó su cabeza en mi pecho. Me quedé quieto y analicé la habitación sin moverme demasiado. Mi vista se detuvo en su corcho y una foto en específico. Mi papá estaba abrazando a mi mamá y yo a Meghan, y mi hermano entre las dos parejas. Fue en el viaje de navidad el año pasado. Todos sonrientes, todos antes de que lo malo llegara. Nuestras sonrisas eran auténticas y no para convencer a alguien de que estábamos bien. Me pregunto… me pregunto cuándo llegará el momento en el que todos seamos capaces de sonreír de la misma manera. De sonreír no como si estuviéramos bien, sonreír porque estamos bien.

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En realidad me sentí algo triste con este capítulo. Me atrevo a decir que es uno con los que más me conecté a la hora de escribirlo y no sé porque, ni siquiera me siento identificada, pero siento que puedo comprenderlo. La actitud hostil de Hunter, la actitud de Regan y Alexander al fin conectado después de tantos años de rivalidad como hermanos.

Este marca el fin de cinco historias, a puesto que las pueden nombrar todas.
Bien, este fue el último capítulo.
No quiero hacer una despedida larga pero… AH SE CREAN. jojojo. No, todavía no es el fin *suspiros* No puedo decir mucho.

Para estar en las últimas de la novela, en serio me vendría bien algo de ánimo en estos momentos *tos*comentarios*tos* jaja. Bueno, es que siempre se siente bien recibir unas cuantas opiniones sobre lo que escribes :p

Pao: ¿te puedo llamar así? jaja. Gracias por comentar y me alegro que te identifiques de una manera y que te guste la historia! :)) Sigue comentando cuando puedas, te cuidas y ya te acepté, ok? jaja :)

2 comentarios:

TormentosDulces dijo...

Oooooooooo Maldita Seaa!! Prque Siempree Lo Haces!! Mee Generas Esas Ganas Dee Llorar Y Comprendo El No Sentirme 100% Identificada pero si comprendo el capitulo....... sabes si aveces es mejor tomar fuerzas y comenzar de nuevo que seguir insistiendo en algo que va pico abajo....... jajaj en fin!1 me facina como escribes :D :D :D Y Sii NO Haii Problema con que me digas "Pao".... por cierto...... cuando lei! ultimo capitulo........ yo me decia pero como aun me falta mucho por comprender noo no puede ser y cuando dijiste que no era cierto me hiciste dar un gran suspiro xD......... No lo vuelvas a hacer :P

Beatriz Alva dijo...

Hola Mar*--* Wao, hace tiempo que no pasaba a ver tu blog, pero ya me puse al corriente!:$ Uf...No tienes idea de como me entristece que ya casi se acaba la novela:c Parece como si apenas ayer hubiera sido el comienzo;'3 Pero bueno..comprendo que no puede durar para siempre. Quiero decirte que eres super TALENTOSA:D Naciste para ser escritora Jajajaxd Entonces..Espero que pronto hagas otra novelaC;
Porque son ADICTIVAS*u* Jajaxd Ya casi son las 11 de la noche && yo sigo leyendo:) Creo que volveré a leer toda de nuevo*w* En fin...Espero que tengas una buena semana con muchísimas inspiración para el siguiente capitulo (que espero ansiosa mente)xd Buenas noches && nuevamente FELICIDADES por otro excelente capitulo:3