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3/19/2011

Cap. 05



Hunter’s POV
Sábado 23 De Octubre
10:00 A.M.

Desperté y lo primero que encontré en mis manos fue una caja de cigarrillos, y en mi buró, una caja de pastillas. No sé realmente de donde vinieron, pero no parecían muy peligrosas. Mi cabeza me dolía, así que fue sólo otra excusa para tomarme los analgésicos. Las tragué sin necesidad de tomar agua, para este entonces ya me había acostumbrado a no atragantarme.
     En otra parte de mi habitación divisé debajo de unas almohadas unas pastillas para dormir. Perfecto. Todavía es temprano y mis papás no están, mis hermanos con la abuela. Un día perfecto para dormir y la noche será buena para festejar. Además, tengo problemas para dormir, sufro de insomnio constante y las pastillas para dormir siempre deben estar a mi lado. La noche pasada fue una noche dura. Sí, necesito más horas de sueño.
     Me paré de mi cama y caminé hacia el montón de almohadas, las levanté y agarré la caja de pastillas, saqué dos y las tragué. Son cosas que tardan en hacer efecto al menos dos minutos o más. Siempre es más. Me hace sentir bien. ¿Saben? Sí lo saben.
     –¡Otra vez más estoy sólo! –grité a la vez que me dejaba caer en mi cama.
     Mis papás viajan demasiado, mis dos hermanos pequeños siempre se quedan con la abuela. Maduré para quedarme yo solo, aun siendo menor de edad. Algunas veces me solía sentir mal por estar solo aunque ya no me quejo de eso, me acostumbré y aprendí que puedo hacer absolutamente lo que quiera sin que nadie se entere.

4:00 P.M.

Desperté más temprano de lo que esperaba y me dirigí a casa de Tony. No era el más divertido, pero ninguno de los dos tenía nada mejor que hacer ni nadie más con quien estar. Él por ser un idiota y negar sus verdaderos sentimientos, yo porque me abandonan y no es mi culpa que la gente algunas veces no pueda aguantar mi presencia.
     –¿Y qué fue todo eso? –pregunté y encendí un cigarro.
     –¿Qué cosa? –me preguntó Tony confundido.
     –Si, tu papá… ¿conoce al papá de Alexandra? –le pregunté.
     –Si, bueno, se supone que yo también la conocía de hace... diez años o algo así, realmente creo que mi papá sólo me está mintiendo sobre eso, pero de que él y el papá de Alexandra se conocen desde antes, eso si es cierto –me respondió.
     –No puedo creer que no te acuerdes de ella –le dije.
     –Hunter… –suspiró impaciente–. Eso fue hace diez años.
     –El amor, amor... –canturreé.
     –No estoy enamorado –me replicó–. Me gusta.
     –¡Oh, si que lo estas! Eres igual a Regan: ‘No estoy enamorado, no estoy enamorado, en serio, no estoy enamorado, pero siento algo cada vez que la miro, pero no estoy enamorado’ –dije imitando la voz de Regan–. ¡No es tan difícil de admitir! –exclamé–. Mira, yo estoy enamorado de Emma. ¡Ta-ran! Lo dije. Y no suena tonto, y no me da pena, tampoco es cursi.
     –Todo mundo cree que estoy enamorado de ella, tú, mi papá, su papá, tu papá –se quejó.
     –¿Mi papá? –pregunté confundido.
     –No, es una exageración, pero muchas personas creen eso –me contestó.
     –Si varias personas lo creen debe ser por algo. ¿No crees? –le pregunté.
     –Mira, yo no sé que es lo que piensen, pero sé que no estoy enamorado –me dijo, ahora malhumorado.
     –Mientras más lo niegues más te enamoras. Mientras más tratas de desmentir algo que es verdad, más verdadero se hace.
     –¿Qué? ¿Desde cuando te convertiste en poeta? –me preguntó.
     –De hecho, lo leí en un sitio de Internet. Pero da igual, cambiando de tema, hay una fiesta en mi casa esta noche, espero verte por ahí romántico empedernido –le informé.
     –¿Otra vez? –me preguntó–. Haces una fiesta cada semana.
     –Mira, niño rico y mimado –entonces puse un brazo alrededor de él–. Cuando no están papás en casa, es como una fiesta todos los días. ¿Verdad? Bueno, yo si lo digo literal. Así que espero verte ahí.
     –¿Por qué no vamos a otro lugar? –me preguntó.
     –Porque lamentablemente, cabeza de cacahuate, los lugares donde hay diversión es para mayores de edad. Y, bueno, perdí mi identificación falsa, y además tú no tienes… entonces, en mi casa. A las ocho. Y te voy a dejar un gran encargo… tú compras la droga, cualquiera es buena. Pero te recomiendo marihuana, es divertida y no le hace daño a nadie –le expliqué.
     –¿Qué? No sé donde comprarla –me dijo espantado–. No quiero hacer eso.
     –Aquí… –le dije y saqué un papelito n el cual venia la dirección.
     –¿De donde sacas esto? –me preguntó.
     –Tanto tiempo solo sirve de algo. ¿No es así?

10:00 P.M.

La fiesta comenzó un par de horas atrás, pero la casa ya estaba llena. infestada de desconocidos, y pocos conocidos, y si hay algo que me gusta de las fiestas es eso: la variedad de gente que puedes encontrar, con la cuál compartirás recuerdos parecidos, pero que lo más probable es que no vuelvas a escuchar de esa persona. Al menos, ese es mi caso.
     Caminé hacia la sala donde había había varios chicos alrededor de la mesa de café.
     –Ey, ¿que tienen ahí? –pregunté y me asomé–. ¿Es cocaína?
     –De la mejor –me contestó uno de los chicos–. ¿Quieres probarla? –me preguntó.
     –¿Es por inyección? –pregunté nervioso–. No lo sé.
     –Hunter, siempre hay una primera vez para todo –me ánimo uno de los chicos y yo le sonreí.
     –De acuerdo –contesté.
     Él se dio media vuelta para tenerlo todo preparado, en eso, alguien me jaló del cabello y me sacó de la sala, sólo miré al otro chico darse la vuelta y verse enfadado cuando no me vio ahí.
     –¿Que mierda está pasando? –pregunté y me zafé de la persona que me estaba jalando del cabello.
     Era Tony.
     –Lo conseguí –me informó.
     –Un poco muy tarde, las cosas fuertes están por allá y me acabas de sacar de ellas –le dije enfadado.
     –Hunter, no creo que deberías estar intentando esto –me advirtió.
     –¿O qué? –le pregunté, retándolo.

Sé que no lo hice. ¿O si lo hice? No tengo idea de que consumí. Había pastillas, cocaína, LSD,  Ecstasy. Sé que había heroína en alguna parte, pero de esa no la probé. No sé que fue, pero algo me causó un efecto indeseado, estoy seguro. Perdí la noción del tiempo rápidamente, estaba tratando de salir de la casa y después me encontré en las escaleras un segundo más tarde estaba en mi habitación y de nuevo bajando las escaleras. Las personas tenían rostros deformados, sus voces eran agudas, insoportables y mi cabeza estaba a punto de explotar. Tenía miedo. Traté de apoyarme en el aire, cayendo de frente en las escaleras, fue el golpe duro en mi rostro que terminó con la poca fuerza que me sobraba.
     –¿Hunter? –preguntó alguien al pasar por ahí.
     No pude reconocer la voz, mi visón estaba borrosa.
     –Algunas veces…–dije y comencé a reír incontrolablemente–. Pienso que tal vez… –pero la risa era incontrolable.
     –Pienso que deberíamos ir al… –y comenzó a decir más cosas y noté en su voz como el pánico lo inundo–. ¡Hunter! –me gritó.
     –Estoy aquí –le dije y cerré los ojos lentamente–. Estoy aquí…

     –¿Va a estar bien? –preguntó alguien.
     –Sí, estará bien –le contestó otra persona–. Fue de una sobredosis, pero lo hemos desintoxicado a tiempo –continuó explicando–. Unas pastillas más, y no hubiera despertado esta mañana, tuvieron suerte.
     Oh, así que sí fueron las pastillas. Oops, supongo que me pasé.
     Escuché a una persona salir de la habitación y abrí los ojos lentamente. Vi borroso, pero pude enfocar mi vista en unos segundos.
     –¡Tú, Hunter, maldito, te odio! –me gritó Emma y se acercó corriendo a mi–. ¡Te odio tanto, no sabes cuanto de odio! –me gritó y me dio unos golpes en el pecho.
     –Lo siento –me disculpé.
     –¿Sabes lo qué haría si te perdiera? –preguntó preocupada–. Perdería la razón.
     –Te lo dije –dijo Tony al otro lado de la habitación.
     –Lo sé, pero no fue exactamente por lo que tú dijiste –le repliqué.
     –Creo que deberíamos hablar –dijo Emma.
     –¿Sobre qué? –le pregunté confundido.
     –Sobre tu problema –me contestó–. Tienes que dejarlo, no es bueno para ti.
     Entonces reí.
     –¿Tú no te cansas, cierto? –le pregunté–. No lo haré –hice una pausa–. ¡No tengo un maldito problema! –grité enojado y respiré hondo para tranquilizarme–. Es sólo diversión, no un problema. No pueden pagarme lo suficiente para que lo dejé, haré esto hasta que me mate. Es mi vida.
     Jade y Regan también estaban ahí, observándome desde una esquina en la habitación, sus gestos de desaprobación eran evidentes. Pero no era algo que me importara. La opinión de la gente no es algo que me afectara.
     –Hunter, eres un imbécil –me dijo Emma–. Pero aún así te quiero, lo sabes –y se inclinó hacia mi para besarme.
     –Que romántico, y no quiero interrumpir, pero lo haré. No creo que darte un gran discurso vaya a servir de algo, te conozco, pero, hablando en serio, Hunter, no creo que sea algo con lo que debas seguir, porque, como el doctor dijo, pronto podrías acabar en un coma, o algo peor. Te vas a morir –me dijo Regan.
     –Lo sé –le repliqué–. Todos algún día.

3 comentarios:

Criis dijo...

Me gusta mucho tu novela siguela
& publica pronto(:

Maticoche dijo...

ese chico tiene problemas... robenle las pastillas!!! jajaja super... sigue escribiendo

valeriaver dijo...

"Cuando no están papás en casa, es fiesta todos los días" Buena Frase xD